En el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, recordamos una realidad que sigue afectando a millones de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo.
La OIT aclara que no todas las actividades realizadas por menores constituyen trabajo infantil. Ayudar ocasionalmente en el hogar, colaborar en un negocio familiar o realizar tareas ligeras fuera del horario escolar puede contribuir al desarrollo de habilidades y responsabilidades.
Sin embargo, hablamos de trabajo infantil cuando una actividad priva a los menores de su niñez, afecta a su educación, limita su desarrollo físico o emocional o los expone a situaciones de riesgo.
Las formas más graves incluyen la esclavitud, la trata de personas, el trabajo forzoso, la explotación sexual, el reclutamiento para conflictos armados y otras actividades ilícitas.
Más allá de los datos, esta jornada nos interpela también como profesión. Las personas graduadas sociales trabajamos cada día en el ámbito de las Relaciones Laborales, la Seguridad Social y los Recursos Humanos, defendiendo el cumplimiento de la normativa laboral, la dignidad del trabajo y la protección de los derechos de las personas trabajadoras.
Y esa defensa empieza también en la infancia.
Prevenir situaciones de explotación, promover entornos seguros y contribuir a una cultura laboral basada en la justicia social forman parte de nuestra razón de ser.
Ningún niño, niña o adolescente debería ver limitado su futuro por una actividad que le impida aprender, crecer y desarrollarse plenamente.



